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Reciente estudio revela que los recuerdos no solo se guardan en el cerebro, también lo hacen en otras células del cuerpo

Créditos de imagen: Shutterstock

Durante mucho tiempo, se creyó que los recuerdos solo se almacenaban en el cerebro, pero, recientemente, se ha hecho un descubrimiento que revoluciona todo lo que se creía acerca de ello.

Una investigación publicada en la revista Nature Communications ha demostrado algo muy diferente a lo que se venía creyendo durante mucho tiempo: los recuerdos no solo se almacenan en el cerebro, sino que se guardan en otras células del cuerpo.

Esto es un hecho que podría revolucionar y cambiar por completo la comprensión que tenemos acerca de la forma en la que el cuerpo almacena la información, no solo en el importante órgano cerebral, sino en partes del cuerpo de las cuales ni siquiera teníamos conocimiento.

Por ello, el estudio sugiere que la capacidad de almacenar información es un proceso que otras células del cuerpo también pueden hacer y no solo las neuronas.

Este estudio, llevado a cabo por el profesor Nikolay V. Kukushkin y su equipo, demuestra que los científicos han logrado replicar uno de los principios más fundamentales de la formación de memoria, lo que se conoce como «Efecto de espaciado» o massed-spaced effect, en dos tipos de células humanas de origen no neuronal.

Para lograr esto, expusieron a las células a pulsos espaciados de señales químicas y analizaron su respuesta, revelando que, al igual que las neuronas, estas células son capaces de «recordar» y responder de forma diferente cuando los estímulos se aplicaban de manera intermitente en lugar de ser continuos.

Lo que ha conllevado a aplicar este método ha sido gracias al conocimiento del fenómeno en el que el cerebro es capaz de retener mejor la información cuando el aprendizaje se distribuye en intervalos espaciados, en vez de que este se concentre en sesiones intensivas y prolongadas.

Por ello, en el estudio se demostró que las células de tejidos no neuronales son capaces de responder con más fuerza y persistencia cuando reciben señales químicas espaciadas, y para poder simular la forma en la que las células aprenden, el grupo de científicos usaron pulsos de compuestos específicos, tales como la forskolina y éster de forbol sobre células de tejido renal y tejido nervioso.

Esto desencadenó la reacción de una proteína que brilla con gran intensidad, lo que indica que la célula «recuerda» el estímulo que ha recibido.

El cambio de estado molecular es un equivalente al proceso de memoria que las neuronas activan cuando han detectado patrones de información en el cerebro. Esta respuesta celular está asociada con la activación de proteínas cruciales para la memoria, como CREB y ERK.

Créditos de imagen: Nikolay Kukushkin

La inhibición de estas células interfiere con la capacidad de la célula para responder al estímulo espaciado, por lo que el estudio sugiere que la memoria no es exclusiva de los complejos circuitos neuronales, sino que tiene la capacidad de estar incrustada en las dinámicas de señales químicas y proteicas comunes en varios tipos de células.

Este nuevo descubrimiento podría abrir la puerta hacia nuevas posibilidades para la medicina y la biotecnología, ya que la comprensión de estos «recuerdos celulares» es crucial para ayudar a desarrollar tratamientos y terapias dirigidos a los trastornos de la memoria y los problemas de aprendizaje.

Si se descubre que todas las células tienen memoria, sería más sencillo entrenar a algunas células u órganos para que «recuerden» la cantidad exacta de algún tratamiento o la dosis específica que requieren para funcionar de forma correcta.

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