Las vacas afectan el cambio climático.

La humanidad ha trabajado en la cría de ganado y cosecha de vegetales para su consumo. Sin embargo, hay prácticas de aprovechamiento amigables con los ecosistemas y con la vida en general, y otras que simplemente no podemos dejar debido a la alta demanda que está involucrada.

De manera habitual, los seres humanos somos consumidores de carne de todo tipo, más comúnmente de pollo, cerdo, borrego y res, siendo estas últimas las más controversiales, ya que su crianza y hasta en la conservación de su carne se hace uso de una gran cantidad de recursos, además de ser una fuente productora de gases de efecto invernadero.

En un estudio publicado este lunes en la revista Food Nature, se midieron las emisiones de gases por actividad agrícola, ya que una porción considerable de las emisiones que repercuten directamente en el cambio climático son debido a estas, no solo por la crianza del ganado, sino por el transporte requerido, los ecosistemas que se talan para dedicarlos al pastoreo y la energía requerida para la conservación en frío de la carne.

Además el sistema digestivo de las vacas emana gases de efecto invernadero (GEI) como son el CO2 y metano, que aunado al hecho de que el consumo de carne va en aumento, también eleva la cantidad producida de gases y por ende, surge la relación con el aumento en la temperatura producida por un consumo excesivo de carne de res.

Los datos que se han recabado respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero nos muestran que en proporción, mayoritariamente, los alimentos de origen animal emiten hasta el 57% del total de los GEI globales de la producción de alimentos, en una menor proporción los alimentos de origen vegetal producen 29% y el 14% restante es atribuido a otros alimentos, gracias a estas estimaciones fue posible conocer cuál era el producto vegetal que mayor cantidad de emisiones de GEI producía, este fue el arroz con un 12% de las emisiones totales, mientras que también fue atribuido al ganado vacuno el 25% del total, considerándolo de gran relevancia, ya que un aumento en su consumo se ve directamente relacionado con una mayor emisión de GEI.

Los autores señalan que «en el sudeste de Asia y América del Sur fueron los mayores emisores de gases de efecto invernadero basados ​​en la producción», es importante recalcar que muchas veces las prácticas implementadas en la misma y las huellas hídrica y de carbono son factores relacionados con esta dominancia por la parte sur de estos continentes.

Asimismo, existen costumbres dónde es muy casi cotidiano alimentarse de carnes rojas varias veces por semana y más en especial para celebraciones y días de convivencia, lo cuál a pesar de ser una noción más cercana a nuestro entorno, no ha sido razón para moderar su consumo y optar por alternativas de menor impacto como el pescado o el pollo.

 

El artículo original fue publicado en la revista Nature Food.

Christian Ávila

Licenciatura en Biología en la Universidad Nacional Autónoma de México, gusto por las diversidades y con experiencia en técnicas moleculares y de diagnóstico, enfocado en el aprendizaje continuo y difusión de la ciencia

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