Científicos logran mapear al espliceosoma, el «talón de Aquiles» genético que podría acabar con el cáncer

Una de las enfermedades más temidas por el humano es el cáncer. Y no es para menos, se trata de una enfermedad bastante dolorosa que no siempre responde de la misma manera a los tratamientos que se usan para erradicarlo.
Todos somos propensos a padecer cáncer, pues somos un conjunto de células y el cáncer se desarrolla cuando las células dañadas o que ya deben morir no siguen los procesos naturales y en lugar de ello, se multiplican, llegando incluso a superar a las células sanas.
Estas células cancerígenas pueden llegar a formar tumores sólidos, los cuales se propagan a otras partes del cuerpo cuando estos tumores llegan a ser malignos.
No solo somos un conjunto de células, sino que cada una de estas contiene información importante acerca de nosotros. Todas y cada una de estas pequeñas células contiene los mismos datos genéticos y siguen el mismo manual de instrucciones, teniendo la peculiaridad de que cada célula es capaz de leer una palabra para ejecutar una función distinta.
Es esta la razón por la que las partes del cuerpo no son exactamente iguales, a pesar de que las células que lo conforman contienen el mismo material genético. Y esto fue descubierto por un equipo de científicos del Centro de Regulación Genómica de Barcelona, quienes han descubierto el primer mapa de la laberíntica maquinaria que se encarga de realizar este trabajo.
Se trata del espliceosoma. El genetista Juan Valcárcel explica el procedimiento que siguen las células de la siguiente manera, aunque realmente se trata de un proceso mucho más complicado:
«Las palabras, tal como están escritas en el ADN, están separadas por un montón de letras sin sentido. Las células han desarrollado una maquinaria, que yo creo que es la más compleja que tienen, para eliminar esos trozos que no tienen sentido, en un proceso llamado splicing».
Si comparásemos la estructura del ADN con una receta, quedaría escrita de la siguiente manera: arroz osdlsdkjg pollo ugdlsgjls conejo igosgsjodi azafrán bpnemrac ajo efffeouu aceite.
La maquinaria del espliceosoma, compuesta por 150 proteínas, ejecuta el splicing: arroz, pollo, conejo, azafrán, ajo, aceite. Y un segundo fenómeno, conocido como splicing alternativo, elige solo determinadas palabras: arroz con pollo, conejo al ajillo.
El ADN es una molécula de 2 metros que está plegada en el interior de cada célula. A su vez, esta se divide en aproximadamente 20 mil tramos o genes, con las «recetas» para fabricar las proteínas que se necesitan para la vida, y gracias a lo que puede hacer el espliceosoma, es que las células humanas son capaces de fabricar 100 mil tipos diferentes de proteínas.
Según la bióloga polaca Malgorzata Rogalska, el splicing tiene 300 componentes y estos están tan interconectados, que, si uno solo falla, provocaría un efecto dominó, y para comprobarlo, los investigadores manipularon la pieza SF3B1, cuyas mutaciones están ligadas a diversos tipos de cáncer, como el de mama, melanoma y leucemia.
Esto demostró que la alteración desencadenó en una célula de fallos que impidió el crecimiento de una célula cancerosa. «Es un potencial talón de Aquiles que podemos aprovechar para diseñar nuevas terapias. Nuestro mapa ofrece un camino para descubrir estos puntos débiles».
La científica Marina Serna ha iluminado la estructura del espliceosoma en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas en Madrid y menciona lo siguiente: «El splicing tiene implicaciones fundamentales en cáncer», advierte.
«Este trabajo no solo ha identificado todos los factores de regulación que, si los alteras, tienen un efecto claro en la función del espliceosoma, sino que encima han sido capaces de ver cómo todos esos factores se autorregulan y regulan a otros factores de una manera tremendamente compleja. Si tocas uno no hay un efecto directo sobre otro, hay un efecto directo sobre casi todos los demás».

La estructura de una sola molécula es bastante compleja, y aunque el conjunto del espliceosoma alcanza las 300. «Y una misma proteína, en distintos momentos del ciclo de splicing, tiene conformaciones e interacciones distintas. El espliceosoma es una de las maquinarias moleculares más complejas que se conocen», puntualiza la científica.
El artículo fue publicado en la revista Science.
