¿Lavas el pollo antes de cocinarlo? Expertos alertan de lo peligroso que es para la salud esta práctica

Una gran mayoría de las personas incluye pollo en su dieta, debido a que se trata de una de las proteínas más completas que puedes encontrar, además de que contiene poca grasa y grandes beneficios.
Tiene una enorme versatilidad a la hora de prepararlo, y también es muy accesible, ya que donde quiera que te encuentres puedes localizar un lugar dónde comprar unas sabrosas piezas de pollo.
Sin embargo, a pesar de que se trate de una excelente y saludable proteína para incluir en la dieta, hay una costumbre que se encuentra muy arraigada entre la población y es la de lavar el pollo antes de cocinarlo.
El objetivo de esto es eliminar el exceso de grasa, las plumas que hayan quedado o simplemente cualquier tipo de suciedad que se quede pegada a la carne del ave. Y aunque pueda parecer lo correcto, en realidad esta práctica es sumamente riesgosa y enseguida te vamos a contar por qué.
Lavar el pollo o cualquier otra proteína es un enorme riesgo para la salud, tal y como lo indica el Centro Nacional para la Información Tecnológica de Estados Unidos, ya que la carne de estas aves puede estar contaminada por bacterias de Salmonella, Campylobacter o Clostridium.
Cuando se coloca la carne bajo el agua del grifo, esta puede salpicar a los alrededores y esparcir las bacterias que estén presentes en la carne del pollo, por lo que se contaminarían los utensilios, las llaves del agua e incluso otros alimentos.
De igual manera, al lavar el pollo, muchas personas consideran que las bacterias desaparecen, algo que no es real y que, además, como te comentamos, es capaz de contaminar lo que se encuentre cerca de la proteína.
Un método que podría ser de ayuda para eliminar las bacterias es congelando la carne, aunque esto no es seguro, ya que solo impide que los patógenos presentes en la carne se sigan multiplicando, por lo que la única forma de eliminar completamente a las bacterias es cocinando el pollo a una temperatura de por lo menos 70°C.
Las bacterias que están presentes en el pollo son las principales causantes de las intoxicaciones alimentarias, mismas que son mucho más comunes durante los viajes, por lo que también se le conoce como la “diarrea del viajero”.
Estas infecciones se contraen cuando se consume carne de aves cruda, vegetales frescos y leche sin pasteurizar. Los síntomas más habituales de una intoxicación alimentaria son los siguiente, de acuerdo con Medline Plus:
° Fiebre
° Calambres abdominales
° Diarrea acuosa y en caso de contagio de Campylobacter, con sangre.
° Cólicos
° Náuseas y vómitos
Sin embargo, los síntomas se presentan de dos a cuatro días después de haberse contagiado con la bacteria, y a pesar de que puede desaparecer sola en un tiempo de 5 a 8 días, existe el riesgo de que la infección se complique y aparezcan secuelas en el cuerpo.
Estas secuelas pueden ser el síndrome del intestino irritable o incluso el Síndrome de Guillain-Barré, el cual puede ocasionar parálisis al atacar el sistema nervioso periférico.
Por ello, es de suma importancia que no lavemos el pollo antes de cocinarlo, y en caso de que quieras seguir lavándolo, hazlo con mucho cuidado para que las bacterias no contaminen lo que se encuentra alrededor.
