Un fenómeno que ralentiza el vuelo espacial sobre el ártico.

Aunque la ciencia ha sido nuestra mayor aliada en el descubrimiento de fenómenos desconocidos o difíciles de asimilar, aún existen muchas eventualidades que a la fecha siguen siendo un misterio.

Si bien, todo tiene una explicación, aún no tenemos la respuesta para cualquier pregunta y es por ello que existen fenómenos cuyo origen se vuelve desconocido.

Sin embargo, los científicos no se detienen e investigan de manera interdisciplinaria para dar una explicación al respecto; es el caso del equipo de la NASA que detectó irregularidades en los vuelos realizados sobre el Polo Norte, al darse cuenta de que sobre una zona en particular del Polo, la velocidad de la nave se ve aminorada, del mismo modo que la señal de GPS.

A 250 Km del Polo Norte, la última misión enviada por la NASA, la misión CREX-2, fue lanzada para investigar este fenómeno en un cohete de sondeo Oriole IV desde el Andøya Space Center de Noruega.

Los científicos pensaron que mediante la emisión de vapores de distinto color a modo en que estos dieran lugar a nubes, se darían una mejor idea de la naturaleza del fenómeno, al ver la distribución de los colores de las nubes y, por ende, las corrientes de viento.

Se encontraron con un fenómeno conocido como “cúspide solar”, suscitado al medio día en el Polo Norte, cuando el sol está en su punto más alto y este altera el campo electromagnético, permitiendo el paso de rayos solares de manera directa en la superficie terrestre.

En ese preciso momento las señales de GPS mantienen un comportamiento raro, sin embargo es remarcado por la NASA que por más de 20 años los pilotos que pasan por esa región de la Tierra han notado que disminuye la velocidad de la nave.

Se piensa por los investigadores y autores del estudio con el CREX-2 que dicha altura y condiciones por la cúspide solar implican un mayor arrastre o resistencia al movimiento por parte de un objeto como la nave.

Gracias al primer experimento y a los estudios realizados fue notable que la densidad del aire en dicha región de la exosfera era 1.5 veces mayor al resto, implicando una mayor resistencia y por ende un descenso en la velocidad, sin embargo el misterio se convirtió en cómo era posible que una masa de esa magnitud fuera soportada sin precipitarse hacia abajo de la masa de menor densidad.

Se plantea un escenario en el que la electrodinámica terrestre logra sostener dicha masa de aire indirectamente por los fenómenos electromagnéticos de la ionósfera relacionados con las grandes cantidades de radiación solar en dicha región y en dicho momento generando vientos verticales capaces de soportar tal peso.

Por otra parte, la segunda hipótesis va más encaminada a la presencia de aire aún más denso debajo de esa región, provocando que este no se precipite. De cualquier forma pronto las investigaciones develarán el misterio y se podrá evitar un retraso en las trayectorias de las naves espaciales.

 

La información fue publicada en NASA.

Christian Ávila

Licenciatura en Biología en la Universidad Nacional Autónoma de México, gusto por las diversidades y con experiencia en técnicas moleculares y de diagnóstico, enfocado en el aprendizaje continuo y difusión de la ciencia

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