Información no revelada sobre COVID alarma a científico, pero tuvo que guardar silencio.

JUDITH JOCKEL/LAIF/REDUX
Thijs Kuiken fue la primera persona en leer el manuscrito que demostraba que el COVID-19 se podía transmitir entre humanos.

Tenía información relevante que tuvo que ser silenciada.

El 16 de enero del 2020, Thijs Kuiken, patólogo veterinario, descubrió algo alarmante. Se encontraba en el tren, viajando a casa leyendo un documento que la revista médica británica “The Lancet” (Una de las revistas médicas más importantes y de referencia a nivel mundial) le había solicitado leyera y revisara, en menos de 48 horas.

El documento, redactado por científicos de Hong Kong, hablaba de un virus desconocido que era capaz de propagarse de persona en persona. Una familia de 6 miembros visitaba Wuhan y 5 de ellos habían sido contagiados. Ningún miembro de la familia visitó el mercado de mariscos Huanan, el cual había vínculos con personas enfermas.

La familia regresó a su lugar de origen en Shenzhen, China, donde un séptimo miembro que no había ido al viaje, también se infectó.

La conclusión de los investigadores fue contundente: “El nuevo virus, ahora conocido como SARS-CoV-2, se transmitía entre personas”

Y se detectaron dos datos más inquietantes: el primero es que la enfermedad podía transmitirse sin síntomas, y el segundo dato era que la característica más común era la diarrea, lo que hacía suponer que los médicos no estaban detectando la inmensa cantidad de casos. “Realmente me asusté” dijo Kuiken.

Muchos ya sospechaban que el SARS-CoV-2 se transmitía entre personas, e inclusive la OMS ya había declarado dos días antes: «puede haber habido una transmisión limitada del coronavirus de persona a persona».

Sin embargo, el gobierno chino, lento con la crisis, no estaba corroborando ni informando a la población.

Kuiken sintió terror al darse cuenta de la gravedad del asunto. Tenía en sus manos un documento que debería ser publicado lo más antes posible. Sin embargo, la editorial científica tiene sus reglas.

Los revisores de las revistas científicas no pueden revelar información de los manuscritos, hasta que hayan sido publicados en la revista para la que trabajan, lo que en este caso supondría una bomba de tiempo, ya que el proceso de publicación tiene sus pasos y la información necesitaba divulgarse en cuanto antes.

Este dilema al cual se enfrentó Kuiken, ya se ha explicado en Spike: The Virus v The People — The Inside Story, un libro de Jeremy Farrar, director de Wellcome Trust,  publicado a fines de julio.

Jeremy Farrar, informó a la revista Science sobre la iniciativa que tuvo de “Wellcome Trust” para agilizar la información sobre el COVID 19, es decir, se necesitaba abrir permisos para compartir información y manuscritos que aún estuvieran en revisión, con la intención de ganar tiempo y los hallazgos se difundieran más rápido.

Muchas revistas incluidas “The Lancet” firmaron un acuerdo en el que compartirían manuscritos con la OMS de inmediato.

Kuiken era consciente de lo crucial que era actuar los primeros días de un brote de esta naturaleza, tal como lo había vivido en 2003 con el virus del SARS, cuando trabajaba en Erasmus (Universidad de Países Bajos).

Kuiken habló de inmediato a la revista “The Lancet” para pedirles permiso de difundir la información y ellos le contestaron que los autores del artículo (en este caso los científicos de Hong Kong) eran libres de publicar su propio artículo cuando desearan. Así que Kuiken hizo una petición inusual a los autores: que publicaran el manuscrito inmediatamente.

Un editor comentó que los investigadores apoyaban la idea de publicar el manuscrito, pero no podían hacerlo sin permiso del gobierno chino.

Kwiken buscó a Farrar (con quien ya había trabajado anteriormente) y le pidió un consejo, y Farrar le dio 3 opciones:

«La primera opción esperar hasta el lunes» para que los autores actúen. “La segunda era revelar la información ellos mismos. La tercera opción, en la que no había pensado, era pasar la información directamente a la OMS «.

Kuiken eligió la opción 3. Farrar lo puso en contacto con Maria van Kerkhove, directora técnica del Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS. Maria se puso en contacto con Kuiken y le solicitó el manuscrito. Kuiken le pidió permiso a su jefa, la viróloga Erasmus Marion Koopmans, de la intención de mandar el manuscrito a la OMS y ella estuvo de acuerdo.  Entonces le envió un correo electrónico al editor de Lancet, quien comentó que los autores del manuscrito aún estaban en conversaciones con el gobierno chino.

Pero el domingo por la mañana temprano, Kuiken se despertó con un nudo en el estómago. “Imaginé que una de las cifras que representan los resultados se pondría en línea sin el permiso de los autores”, dice. «Eso se sintió demasiado irrespetuoso».  Rápidamente Kuiken hizo un resumen del artículo y se lo envió a la OMS.

Para su alivio, el lunes China lo hizo oficial, el veterano neumólogo exponía el caso de la familia contagiada en Wuhan, mismo que se encontraba en el manuscrito, en el que se hablaba el que el SARS-CoV-2, se transmitía entre personas.

No está claro si la decisión de hacer pública la información del SARS-CoV-2 fue por la intermediación o presión de la OMS ante el gobierno chino, sin embargo, Kuiken espera que este caso sea discutido por la comunidad científica, ya que él tuvo que romper las reglas para poder hacer pública esta información crucial, y debería poder publicarse sin necesidad de salirse del marco reglamentario.

La información ha sido publicada en la OMS.

La publicación original de este artículo: Science

Ricardo Costello

Egresado del Tecnológico de Monterrey. Apasionado por la Ciencia.

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