Una pequeña explicación sobre el bostezo contagioso.

Uno de los grandes misterios sobre las conductas humanas, que sin duda ha causado revuelo y curiosidad en más de una ocasión en la historia de la ciencia, ha sido el origen y función de los bostezos, ya que inicialmente se desconocía una razón coherente de su función en las distintas especies.

Inicialmente se había planteado la hipótesis de la oxigenación, que nos menciona que al introducir una mayor cantidad de oxígeno, este aumenta sus niveles en sangre, sin embargo esta fue refutada y más recientemente se postuló que funciona como un mecanismo para el enfriamiento cerebral, ya que los movimientos combinados de la mandíbula con la extensa inhalación resultan efectivas para presentar un estado de alerta en el individuo, como bien menciona el Profesor Gallup, del Instituto Politécnico de la Universidad Estatal de Nueva York, cuando nuestra temperatura aumenta, comienza la somnolencia, por lo que los bostezos vienen a representar de cierto modo una forma de vigilia en el organismo. Si bien, los bostezos no son propios del ser humano, se ha observado que estos pueden llegar a ser contagiosos cuando estos son vistos por otro individuo.

Se ha demostrado que en algunos animales, específicamente, primates cercanos al hombre como los chimpancés, monos del viejo mundo y hasta en perros, el bostezo contagioso se llega a presentar por una serie de reacciones neuronales en el momento en que vemos o escuchamos a alguien más bostezar, al activar algunas de las regiones cerebrales asociadas a la imitación motora y la empatía. Se piensa que el bostezo contagioso está relacionado con el funcionamiento de las neuronas espejo humanas. Estas células han tenido una función social para la integración de grupos humanos.

Con base en las premisas anteriores, un equipo de investigadores dirigidos por la Psicóloga Beverley Brown, decidieron elaborar un estudio donde utilizaron a dos grupos de personas a las cuales les fueron mostrados videos de personas bostezando, mientras que a un grupo le pidieron evitar el bostezo, al otro no se les dió ninguna restricción. Asumidos los roles de cada grupo, los investigadores buscaron conocer la respuesta del hemisferio cerebral izquierdo al haber una restricción propia del bostezo.

Los resultados obtenidos muestran una mayor necesidad de bostezar en las personas que se les restringe con respecto de quienes no se les dió restricción alguna, al mismo tiempo que se observó una frecuencia distinta de una persona a otra, lo cual nos hace pensar que la restricción fisiológica del bostezo no evita que este pudiera expresarse, ni tampoco que tengan lugar los bostezos sofocados, sino que más bien los bostezos contagiosos tienen un origen más difuso dentro de la corteza motora primaria y sin relación a la empatía.

Finalmente los autores concluyen mencionando que los resultados obtenidos invitan a continuar realizando investigaciones sobre el tema para poder conocer mejor la asociación entre la excitabilidad producida hacia los bostezos y la aparición de ecofenómenos, como son la imitación de las palabras (ecolalia) o de las acciones (ecopraxia), para no sólo llegar a tener un conocimiento más profundo acerca del fenómeno de los bostezos contagiosos, sino también para tener un mejor entendimiento de otras afecciones como lo son: epilepsia, demencia, autismo y síndrome de Tourette, en los cuales estos pueden llegar a verse implicados.

La información ha sido publicada en la revista Current Biology

Christian Ávila

Licenciatura en Biología en la Universidad Nacional Autónoma de México, gusto por las diversidades y con experiencia en técnicas moleculares y de diagnóstico, enfocado en el aprendizaje continuo y difusión de la ciencia

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