Podemos fabricar ‘plaguicidas’ de gran eficacia sin veneno inspirados en la naturaleza, dicen los científicos

 

Mariquita depredadora acercándose a su presa. Henry Lai

Aunque los insecticidas, generalmente solo están presentes en nuestros alimentos en niveles bajos, los encargados del cultivo pueden verse afectadas al estar muy expuestos a ellos. Sabemos que a nadie le gusta ver cómo los cultivos se echan a perder por hordas de insectos, pero se debe considerar que el método habitual de control puede causar estragos en las poblaciones de abejas, aves silvestres e incluso sumándose al problema que ya tienen las especies en extinción. El uso de insecticidas representa un enorme desafío ecológico.

A pesar de que consiga un cultivo impecable aplicando pesticidas, el uso de estos también destruye las poblaciones de insectos depredadores, lo que solo empeoraría el problema de las plagas a largo plazo.

Una alternativa que los investigadores recomiendan y los agricultores vienen poniendo en práctica es el control biológico, basado en el uso de insectos depredadores. A pesar de que resulten económicos y se enfoquen a prácticas sostenibles, existe incertidumbre y presenta sus propios desafíos. Los depredadores dependen de las condiciones ambientales y se da el caso de competir entre ellos por la misma plaga y, no necesariamente la deseada.

Por esta razón, los científicos están investigando en nuevas formas de ajustar el uso de enemigos naturales para hacerlo más práctico. Las ecologistas Jessica Kansman y Sara Hermann presentaron los resultados de sus avances en la reunión de esta semana de la American Chemical Society.

En varias pruebas, Kansman y su equipo, dejaron que los pulgones de la col (Myzus persicae) eligieran entre el olor de las hojas con mariquitas depredadoras (Harmonia axyridis) y el olor de las hojas sin mariquita. Los investigadores descubrieron que la exposición al olor de la mariquita depredadora afectaba a la elección de las plantas por parte de los pulgones y reducía su tasa de reproducción.

“Nuestros primeros trabajos han demostrado que estas respuestas basadas en el miedo pueden cambiar los comportamientos de los insectos de forma que reduzcan sus daños en estas plantas de cultivo”, dijo Sara Hermann.

Los investigadores y su equipo colocaron mariquitas en un recipiente de cristal y empujaron aire esterilizado sobre el escarabajo. El aire pasó por una trampa en el fondo del recipiente, que los investigadores enjuagaron y corrieron la solución resultante a través de un espectrómetro de masas de cromatografía de gases. Esto permitió separar los distintos compuestos e identificarlos. Finalmente, inyectaron compuestos individuales a través de las antenas de los pulgones y detectaron las respuestas de los impulsos eléctricos de los insectos mediante un electroantenograma.

Las mariquitas comen diferentes plagas además de pulgones y las pruebas de campo preliminares mostraron resultados prometedores: los pulgones evitan los cultivos de col rociados como si las mariquitas estuvieran presentes.

“Los insectos dependen de las señales olfativas para encontrar comida, parejas y lugares para vivir, por lo que esta es una gran oportunidad para investigar cómo usar estos olores para manipular su comportamiento”, dice Jessica Kansman.

Los pulgones afectan a la mayoría de los cultivos en todo el mundo, generando grandes pérdidas económicas y el uso del aroma de mariquita podría brindar a los cultivadores una forma más segura y sostenible de controlarlos.

El equipo de investigadores planea pruebas de campo más amplias para averiguar cuestiones restantes y desarrollar mecanismos de dispersión. A futuro se podría aplicar el «olor del miedo» para proteger los cultivos de los insectos destructores.

La sesión informativa grabada fue publicada el miércoles 25 de agosto.

Brandon Córdova

Escritor aficionado de ciencia. Estudia Ingeniería Ambiental en la Universidad Privada del Norte (UPN).

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